ESCALERA MONUMENTAL


LAS EDADES DEL CASTILLO

EL CISMA DE OCCIDENTE

ALCOBA PRIVADA

UN LEGADO DE ENIGMAS
Aragón recupera al Papa Luna
 


UN LEGADO DE ENIGMAS Y LEYENDAS

... el legado de mi señor fue uno de los más importantes de la época... tras él quedarón para siempre entre nosotros templos, iglesias. catedrales y valiosas obras de arte... pero también leyendas que albergan misteriosos enigmas....

En el verano, por devota peregrinación y solaz se dirigió nuestro Señor Pedro de Luna con algunos colegiales de la Universidad de Montpellier a cierto lugar de la Provenza. Tras hablar con una santa mujer recogida en un convento, con la que el señor nuestro al pasar había mantenido diversas conversaciones, le preguntaron qué opinaba acerca de dicho señor nuestro, respondió: "Ciertamente es un hombre muy honesto y sin duda será un gran prelado de la Santa Iglesia de Dios".

Y como de nuevo le hubiesen interrogado: "¿Qué prelado?", dijo: "Con seguridad papa".

 



Aún se recuerda que en día 23 del mes de mayo de 1423, en la octava hora después del medio día, mi señor Benedicto XIII entregó su alma a Dios. Y el día, mes y año mencionados, se celebraba la festividad de Pentecostés. Vivió en el papado diecinueve años, y ya corrían cuarenta y seis años desde que el cisma había empezado.

En el mismo día en que murió, se dice que durante la noche se apareció al delfín del rey de Francia, diciéndole que se ocupase de la Iglesia, pues en manos de su obediencia estaba la verdad. Igualmente se dice que se apareció a cierto hermano cartujo en Roma, en la capilla de Araceli, donde se hallaba celebrando.

 



Se tiene por cierto que en el año del señor de 1430, en el día de ramos, que fue el 9 del mes de abril, y en el día de la cena del Señor, que fue el 13 del mismo mes y año, tan abundante fragancia de agradable olor emanaba de la tumba del señor papa Benedicto XIII que no sólo en el castillo de Peñíscola sino incluso en la iglesia y por toda la población se sentía. Y este admirable hecho fue comunicado a D. Alfonso, rey de Aragón. Y como el noble barón don Juan de Luna, sobrino del señor papa Benedicto XIII, estuviese entonces presente, suplicó al señor rey que le entregara el cuerpo de su tío, y así se hizo.

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