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LA ALCOBA DEL PRIVADA

Don Pedro de Luna, al no ser el primogénito y según costumbre de la época, recibió una esmerada educación. Pronto destacó en las artes de la gramática, retórica, filosofía, teología y jurisprudencia. Su afición por la lectura y su pasión por los libros convirtió su biblioteca en un fiel reflejo del humanismo que imperaba en Europa.
Sus volúmenes atesoraban los saberes de la antiguedad grecolatina y de los padres de la iglesia acompañándole allí donde fuere. En sus prolongadas estancias en Illueca, cuando mi señor precisaba momentos de serena introspección, gustaba retirarse a esta alcoba rodeado de sus libros más preciados. |