ESCALERA MONUMENTAL


LAS EDADES DEL CASTILLO

EL CISMA DE OCCIDENTE

ALCOBA PRIVADA

UN LEGADO DE ENIGMAS
Aragón recupera al Papa Luna
 


EL CISMA DE OCCIDENTE

En los primeros días de la primavera de 1378, la iglesia vivió uno de los momentos más dramáticos de su historia. La elección del sucesor del papa abrió una herida que tardaría muchos años en cicatrizar. Una multitud enfervorizada asaltó por primera vez el lugar donde se celebraba la sagrada y secreta elección del sumo pontífice intimidando a los cardenales y exigiendo que el nuevo papa fuera italiano. La elección recayo en Urbano VI....

De inmediato se alzaron importantes voces contra esta decisión mediatizada y de dudosa legitimidad. Entre ellas, la del Cardenal de Aragón, D. Pedro de Luna, que junto a otros cardenales se vieron forzados a huir de la Ciudad Eterna y elegir libremente a un nuevo papa que trasladaría su sede a Avignon.
Clemente VII. Había comenzado el Cisma de Occidente...

La coexistencia de los dos papas sacudió a toda europa fracturándola en dos obediencias; La Romana, leal al papa Urbano VI y la de Avignon, fiel a Clemente VII. D. Pedro de Luna ejerció desde este Castillo-Palacio de Illueca el elevado rango de legado pontificio con el firme de restituir la unidad de la iglesia y poner fin al Cisma.

 

"... Juro por Dios y la Cruz de Nuestro Señor, caso de ser elegido Sumo Pontífice, luchar con todas mis fuerzas para la unión de la Iglesia. Juro no hacer ni decir cosa que por su naturaleza pueda impedirla o retardarla. Juro actuar con intachable lealtad y si fuere preciso, abdicaré en pro del bien supremo de la fe ..."

"... En la hora tercia del día 26 de Septiembre de 1394, en votación unánime, los cardenales eligieron a D. Pedro de Luna, Cardenal de Aragón, como sumo pontífice ..."

 

El único papa aragonés de la historia fue coronado el 11 de Octubre, tomó el nombre de Benedicto XIII... siendo conocido por la posteridad como el Papa Luna.

 

La voluntad del Papa se mantuvo inquebrantable... todo fue en vano... Como represalia, Francia se sustrajo a su obediencia y apoyada por los cardenales disidentes, decidió combatir con las armas al papa de Aviñón. Fueron cuatro largos años de asedios, combates, saqueos y muertes.

 

En la festividad de todos los Santos de 1408, Benedicto XIII convocó un Concilio General en la ciudad de Perpiñan. Un fastuoso cortejo acompañaba al pontífice. Patriarcas, arzobispos, obispos, abades y altos dignatarios se disponían a elaborar unas propuestas en favor de la anhelada unidad, que no impedían una firme defensa de su pontificado.

Al mismo tiempo, el papa romano había reunido a sus partidarios en el Concilio de Cividale, que lejos de reafirmarle acentuó su progresivo aislamiento y concluyó con su indigna huida descalificándole para siempre.

Mientras, en Perpiñán, el número de asistentes había descendido de forma alarmante al distanciarse los participantes de las posturas iniciales que parecían unánimes. Tras catorce sesiones y no pocos incidentes una comisión trasladó al papa Benedicto XIII sus conclusiones....

 

"...carísima eminencia...., nos, los cardenales de su obediencia manifestamos nuestra pública adhesión a vuestra santidad reconociendo vuestros contínuos esfuerzos en pro de la reunificación de la cristiandad... Rechazamos, por injustas y falsas, las acusaciones de hereje y cismático que sobre vuestra persona han recaído...

Proclamamos y reconocemos en vos, Benedicto XIII al único y verdadero pontífice... Si bien, suplicamos a vuestra eminencia que muestre su amor por la iglesia aceptando la renuncia a vuestro trono si el papa romano abdicara jurídica y efectivamente de sus derechos. Por último os rogamos humildemente que enviéis embajada a la asamblea eclesiástica que se celebra en Pisa para arbitrar las soluciones que pongan fin a esta dolorosa situación..."

 En la primavera de 1409, cardenales disidentes de ambas obediencias se reunían en Pisa. Jamás en cónclave alguno se habían pronunciado condenas tan fulminantes contra los pontífices.
 

"...los hasta ahora llamados Benedicto XIII y Gregorio XII son cismáticos notorios, nutren y fomentan la división de la iglesia, son públicos herejes, escandalosos e indignos de todo honor a causa de sus crímenes y excesos...

Este Concilio con sede en Pisa resuelve en fallo inapelable su inexorable destitución, deposición y exclusión, prohibiéndoles hablar en adelante como papas. Declaramos que el trono de la Iglesia se halla definitivamente vacante...

 

Eran tiempos difíciles para la Iglesia. El Concilio de Pisa nombró a un nuevo papa, Alejandro V, que lejos de arreglar la situación se convirtió en el tercer pontífice de la cristiandad, ahora el Cisma era tricéfalo.

En aquellos tumultuosos años, la Europa cristiana estaba amenazada por la invasión de los Turcos. Segismundo, cabeza del Sacro Imperio, convencido de que tan solo la unidad de la iglesia podría ofrecer el equilibrio político entre los reinos, promovió en 1414 el Concilio de Constanza.

 
"... doctores de la iglesia... solo la renuncia de los tres pontífices puede resolver el problema que padecemos; solo una vez declarada la Iglesia en sede vacante será posible la elección de un único papa para toda la Cristiandad...,

... no se trata ya de cuestiones de legitimidad, sino de utilidad... Por ello, este Sagrado Sínodo decreta y ordena que tras su abdicación ninguno de los tres papas actuales podrá ser reelegido..."
 

Por vez primera, en muchos años, se vislumbraba una solución real al Cisma. Dos de los tres papas abdicaron. Tan solo restaba el último protagonista; Benedicto XIII.

A los tres años de iniciarse las sesiones del Concilio de Constanza las presiones de las naciones europeas forzaron una sentencia definitiva contra Benedicto XIII... bajo el sofocante calor del verano de Constanza se escuchó...

"...este Santo Sínodo, como legítimo representante de la Iglesia Universal establece y proclama que Pedro de Luna, llamado Benedicto XIII ha sido y es un perjuro, causa de escándalo, obstructor de la paz y la unidad de la Iglesia, y contumaz hereje.... prohíbiéndole en consecuencia actuar y comportarse como Sumo Pontífice..."

Los últimos años de Benedicto XIII fueron una dura prueba de soledad y reflexión acunado por la añoranza de su tierra natal.

Murió el 23 de Mayo de 1423, contaba 96 años y una profunda sabiduría, sufrió en vida la persecusión de los innobles y tras su muerte el injusto olvido de quienes escriben los anales de la historia y aunque solo a Dios corresponda juzgar su devota valentía, es deber de los hombres recuperar la memoria, la legitimidad y la razón del único papa aragones de nuestra historia, Benedicto XIII, el Papa Luna.

Absolut Media S.A., Arte y Comunicación S.A - ( www.absolutmedia.es )